Un buen emprendedor es un buen aprendedor

En Harvard Business Review, leí la siguiente predicción: «a partir de ahora, la gente va a dejar de preguntarse qué estás leyendo (…) se preguntará qué cursos estás haciend. Me quedé pensativa. Y es que, si bien, en España, la pregunta acerca de la lectura no es moneda de todos los días, sí es cierto que cada vez son más los que van a más cursos.

Después de un rato de darle vuelta a esa frase, pensé que los redactores de la revista americana habían hablado con mi abuela Dora que, a día de hoy, sigue preguntándome qué estoy estudiando. Le dan lo mismo mis años o cuántos títulos tenga: para ella tengo que seguir estudiando siempre y eso no se discute. Esa es su ley de vida.

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Y tal vez la mía porque, sin darme cuenta, llevo toda la vida con este mandato, apuntándome en todo tipo de cursos. De hecho, mi adicción a cursos y a la lectura me convierte en un ser en movimiento que no necesita «reciclaje»… Porque el reciclaje implicaría que en algún momento me he quedado quieta y, eso, mis amigos, ¡es imposible!

Ahora bien, ¿todo el mundo lo piensa así?

Es evidente que no. Pero, ¿por qué? Podríamos decir que porque no han sido nietos de mi abuela pero… ¡Ahondemos!

La formación continua es un ideal que pocos podemos permitirnos. Y no es una cuestión de voluntad sino que para los que aún mantienen sus puestos de trabajo, falta tiempo. Ante jornadas laborales interminables, pocos tienen un residual de energía para asistir a cursos. Y es que, lamentablemente, son pocas las pymes que invierten (seriamente) en la formación de sus empleados. En el aire resuena así un debate acerca de quién es el responsable de la formación: ¿el propio empleado o la compañía?

Si entendiéramos que la formación de un profesional siempre tiene efectos directos en la compañía, no habría tensión. Todos pondrían su granito de arena para que la formación continua fuera una realidad: un ingrediente básico en la dieta de las personas y de las compañías. 

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Y ahí, queridos amigos, es donde los emprendedores están marcando la diferencia. No conozco emprendedor que no esté formándose, moviéndose y aprendiendo. La dieta del emprendedor tiene formación por donde se la mire. Y es que un buen emprendedor es un buen aprendedor. 

Eso sí, debemos lograr que ese espíritu no se pierda con el alta en autónomos. El emprendedor debe recordar siempre que aprender es aceptar que no sabemos, que aprender es divertirse, que aprender es hacerse poderoso.

Así que te invito a seguir los consejos de mi abuela: pase lo que pase, ¡sigue formándote! ¡esa es tu mejor inversión!

Melina Jajamovich, Directora de Social Cooking

 

 

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